A quién me dirijo

Acompaño a niños, niñas y sus familias cuando existen dificultades que pueden estar interfiriendo en su participación, autonomía, aprendizaje, juego o bienestar en el día a día.

Edad pediátrica

005 - Ana Hernando Terapia Ocupacional

No es necesario tener un diagnóstico para acudir a Terapia Ocupacional.
A veces sabemos qué está ocurriendo y contamos con un diagnóstico. Otras veces, simplemente observamos que nuestro hijo o hija necesita más ayuda de la esperada para determinadas actividades, que algunas situaciones cotidianas le resultan especialmente difíciles o que hay aspectos de su desarrollo que nos preocupan.
Si algo os genera dudas o sentís que vuestro hijo podría beneficiarse de apoyo, podemos valorar juntos qué está ocurriendo y qué puede ayudarle.

Algunas de las situaciones en las que puedo acompañaros

  • Dificultades en el desarrollo o retraso en la adquisición de algunas habilidades.
  • Dificultades de coordinación y planificación motora, incluyendo dispraxia, dificultades en la motricidad gruesa o fina, equilibrio y coordinación.
  • Dificultades relacionadas con la alimentación; desde la alimentación complementaria hasta cuando existen dificultades sensoriales, motoras o de participación durante las comidas.
  • Dificultades en el procesamiento e integración sensorial, que pueden influir en la forma de jugar, aprender, relacionarse o participar en las actividades cotidianas.
  • Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
  • Parálisis Cerebral Infantil (PCI) y otras condiciones neurológicas.
  • Dificultades de aprendizaje y discapacidad intelectual.
  • Dificultades en las actividades de la vida diaria, como vestirse, asearse, utilizar los cubiertos, lavarse los dientes, dormir o adquirir mayor autonomía.
  • Dificultades en el juego y en la participación escolar o social.
  • Trastorno del Espectro Autista (TEA).
  • Niños y niñas con síndromes, enfermedades raras o condiciones genéticas, como Síndrome de Down, X-Frágil o espina bífida.
  • Distrofias musculares y otras enfermedades neuromusculares.
  • Plagiocefalia, parálisis braquial obstétrica y otras condiciones que puedan afectar al desarrollo y la participación.
  • Niños/as en procesos oncológicos pediátricos.

 

¿Y si no tiene ningún diagnóstico?

También podemos trabajar juntos.

Quizás observáis que vuestro hijo o hija:

  • Se cae con frecuencia, tropieza o parece necesitar mucho esfuerzo para realizar determinados movimientos.
  • Tiene dificultades para correr, saltar, subir y bajar escaleras, utilizar las manos o realizar actividades que requieren coordinación.
  • Se frustra ante tareas que implican motricidad fina, como dibujar, recortar, abrocharse, utilizar cubiertos o manipular pequeños objetos.
  • Busca constantemente movimiento o, por el contrario, evita determinadas actividades o situaciones.
  • Parece sentirse incómodo o desbordado ante algunos sonidos, luces, movimientos, texturas o situaciones cotidianas.
  • Presenta dificultades con determinadas texturas, sabores, olores o temperaturas durante la alimentación.
  • Rechaza o tiene dificultades para actividades como el baño, el lavado del pelo, el corte de uñas, el cepillado de dientes o el vestido.
  • Tiene dificultades para iniciar, organizar o terminar tareas y necesita mucho acompañamiento para seguir las rutinas.
  • Se muestra especialmente rígido ante los cambios o necesita que determinadas situaciones se desarrollen siempre de la misma manera.
  • Encuentra dificultades para jugar o relacionarse con otros niños.
  • Se frustra con facilidad o le cuesta regularse en determinadas situaciones.
  • Necesita más ayuda de la esperada para realizar actividades cotidianas.
  • O, simplemente, hay algo que os preocupa y no sabéis muy bien cómo explicarlo.

No hace falta tener todas las respuestas para pedir ayuda.

A veces, el primer paso no es tener un diagnóstico, sino comprender qué está pasando y descubrir qué podemos hacer para facilitar el día a día.